Para Zihomara y Zarai.
Aquella noche de verano, de no hace mucho tiempo, me encontré a la realidad sobre mi cabeza, como una nube espesa de caprichosas formas, y mientras los perros en la azotea del edificio de enfrente ladraban, yo intente tocarla.
Era mes de julio, un día lluvioso, como el día anterior y todos los que les antecedieron, por lo que no pude sacar mi avioncito de papel.
Más bien, era época de barquitos, así que fabriqué uno con una hoja que antes contenía un poema para ella; de esos que hablan de amor, y hasta tenia dibujado corazones y estrellas y caracolas y todas esas mamadas que podría contener un mensaje que seria embotellado en algún puerto o algún charquito, con el destino de llegar a ella.
Dos o tres dobleces y la remembranza del preescolar para construir el navío, y así, dar un mejor uso de aquel papel, el de mi entretenimiento.
En la parte que hacia de vela quedo uno de los corazones plasmados, lo borre y en su lugar dibuje una gran calavera, como la de la película de los piratas; eleve las anclas, y el barquito emprendió la fugaz aventura.
La tormenta estaba desatada en alta mar, el cielo lanzaba incesantes gritos: -¡Pum!- y la tripulación se estremecía, las olas acariciaban con su furia la totalidad de la embarcación, de babor a estribor en segundos golpeaban con sus desnudas manos a las letras que se aferraban al papel; -¡Pum!- un estruendo más, y el capitán grito –Jamás hundirás este barco.
El cielo le respondió endureciendo la tormenta y el capitán, no tardo mucho en ver como el barquito, junto a las letras que hacían de tripulación, se hundieron por completo.
El naufragio de aquel pobre hombre perdió rápidamente mi atención, sobre todo cuando algunas burbujas de aire subieron mientras su cuerpo bajaba hasta el fondo del charco.
Supe que ese charco desde entonces llevó su nombre, y que en él, se puede leer algunos versos, escritos por el capitán con las letras muertas que hacían de su tripulación, de esos que hablan de amor.
Y fue recordado por su valentía, al menos hasta que la vecina del 103 con su escoba borro todo rastro de su vestigio.
Era mes de julio, un día lluvioso, como el día anterior y todos los que les antecedieron, por lo que no pude sacar mi avioncito de papel.
Más bien, era época de barquitos, así que fabriqué uno con una hoja que antes contenía un poema para ella; de esos que hablan de amor, y hasta tenia dibujado corazones y estrellas y caracolas y todas esas mamadas que podría contener un mensaje que seria embotellado en algún puerto o algún charquito, con el destino de llegar a ella.
Dos o tres dobleces y la remembranza del preescolar para construir el navío, y así, dar un mejor uso de aquel papel, el de mi entretenimiento.
En la parte que hacia de vela quedo uno de los corazones plasmados, lo borre y en su lugar dibuje una gran calavera, como la de la película de los piratas; eleve las anclas, y el barquito emprendió la fugaz aventura.
La tormenta estaba desatada en alta mar, el cielo lanzaba incesantes gritos: -¡Pum!- y la tripulación se estremecía, las olas acariciaban con su furia la totalidad de la embarcación, de babor a estribor en segundos golpeaban con sus desnudas manos a las letras que se aferraban al papel; -¡Pum!- un estruendo más, y el capitán grito –Jamás hundirás este barco.
El cielo le respondió endureciendo la tormenta y el capitán, no tardo mucho en ver como el barquito, junto a las letras que hacían de tripulación, se hundieron por completo.
El naufragio de aquel pobre hombre perdió rápidamente mi atención, sobre todo cuando algunas burbujas de aire subieron mientras su cuerpo bajaba hasta el fondo del charco.
Supe que ese charco desde entonces llevó su nombre, y que en él, se puede leer algunos versos, escritos por el capitán con las letras muertas que hacían de su tripulación, de esos que hablan de amor.
Y fue recordado por su valentía, al menos hasta que la vecina del 103 con su escoba borro todo rastro de su vestigio.
Alejandro Renteria.

6 comentarios:
los mejores barcos navegan en los más diminutos charcos
excelente amigo, un placer la navegación por estos mares
un abrazo
Y el barco de llamaba Jenny? jeje...
Ok, no pude resisitir.
Me gusto mucho, es algo diferente. Un poema con otro uso. Ja! quien lo diría.
Küsse!!
Sopa de letras.
Umm julio lluvioso
pocas cosas hay que me gusten más que las tormentas de verano.
Por cierto ¿qué tacto tendrá la realidad?
¿conseguiste tocarla?
Mágico...Muy bonito...
todavía no vi los vídeos pero tengo ganas!:)
besos
Ale:
un lujo leerte y escuchar LA MUSICA k seleccionaste!!!
gracias por compartirlo.
un fuerte abrazo.
k@ri.-
haces ver a la poesia como con alma , para mi de eso se trata todo
saty ; )
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