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martes 17 de junio de 2008

Siempre nos quedará París


Es increíble lo largo que puede ser un minuto; desde la calle se escuchaba a Édith Piaf cantar Non, je ne regrette rien, mientras la bola de chocolate de tu helado terminaba su rápida caída en el suelo.

Te estaba enamorando, tome tu mano e intente engañarte con versos robados:

Quisiera que, exhalando un saludable olor, tu seno de ideas fuertes se viese frecuentado y tu cristiana sangre fluyese en olas rítmicas, como los sones múltiples de las sílabas viejas donde, reinan Por turno Febo, padre del canto, y el gran Pan, cuyo imperio se extiende por las mieses.

-Alto “poeta”- dijiste; Las flores del mal, Baudelaire; me gusta su poesía; me gusta como la dices mientras tocas mi mano; me gusta el helado, me gusta Piaf rubricando el momento, pero me gusta mas como besa tu hermano.

Es la relación más fugaz que he tenido, y en la única en que Piaf y Baudelaire no pudieron ayudar; pero siempre nos quedará París, para recordar lo que no fue.

Alejandro Renteria.

3 comentarios:

Camille Stein dijo...

:)

ante los besos de un hermano, las alianzas mágicas tipo Baudelaire-Piaf no funcionan

un abrazo

Nisagié dijo...

Auch... :S

Eso demuestra que un beso dirá, siempre, más de mil palabras.

No espera... eso es otro dicho... bueno! tambien aplica.

Küsse!!

mArXelLa dijo...

Uffa, a veces tenemos el escenario perfecto, todo se acomoda de manera que las cosas -si sucedieran- serían inolvidables. Pero algo falla...no se que es, pero las cosas duran menos de lo que deseariamos....bso